ARTE

Decomiso

Faivovich & Goldberg

Graciela Speranza

Asociados por un “&” como Gilbert & George o el rythm & blues, Faivovich & Goldberg llevan más de una década sondeando el misterio de una lluvia de meteoritos que aterrizó hace 4.000 años en “Campo del Cielo”. Así llamaron los nativos a la franja del Chaco Austral en que se dispersó el asteroide, sin imaginar que el rapto poético en lengua guaycurú prologaría empresas estéticas más ambiciosas. Porque desde el primer encuentro con El Chaco, el segundo mayor meteorito desplomado en el planeta, F&G vienen desempolvando archivos, desandando rutas provinciales, tramando redes con centros astronómicos de todas las latitudes, movidos por una obsesión, un grial, una aventura que develaría otras paradojas. No sólo pusieron a volar la mole de 37 toneladas en la primera estampilla 3D de la filatelia argentina, sino que reunieron en Fráncfort las dos mitades de otra pieza, El Taco, separadas durante 45 años de intrigas patrimoniales, y hasta intentaron transportar El Chaco a Kassel para exhibirlo como un “ready-made cósmico”, un viaje descarriado que sin embargo inspiró un rocambolesco folletín histórico, institucional, mediático y político. De la investigación a la ingeniería institucional, de la instalación a la microfotografía, el inclasificable proyecto de F&G quiere volver visible lo que estaba oculto pero no tiene medio específico, y tanto puede hermanarse con el arte de lo “ya hecho” como alentar la elocuencia de lo “no hecho”, y hasta hacer por su propia cuenta “lo que debería ser hecho”.

Sucede en Decomiso, la última aventura del dúo, documentada por partida doble en una galería de Villa Crespo. Convertidos en auxiliares de la justicia después de largas gestiones con la Fiscalía de Estado de Santiago del Estero, F&G orquestaron durante tres días de mayo la indexación de 410 meteoritos, decomisados dos años antes en el establecimiento Don Lolo a punto de ser contrabandeados, y arrumbados desde entonces en la Fiscalía. No siempre el arte consigue salir del arte sin perder su adn estético, pero aquí, alentado quizás por los despliegues geométricos de armas de fuego, billetes o ladrillos de marihuana —gran momento estético de los operativos policiales—, el decomiso encendió una mecha. En una de las salas, un video casero revela los insólitos protocolos del operativo, improvisado en el despacho y el patio de la repartición entre cajones de gaseosas y trastos viejos, al ritmo de una banda sonora de zambas que cantan los lugareños para celebrar la proeza: 3.500 kg de rocas cósmicas pacientemente transportadas, cepilladas, pesadas, catalogadas y fotografiadas, con la ayuda de todo el personal de la Fiscalía. Conviene calibrar la audacia de la empresa cotejando el local santiagueño con los laboratorios asépticos y ultratecnológicos del Smithsonian, que asesoró a F&G en el proceso. De escombro indiferenciado —prueba de un delito— a parque meteórico alineado en el patio, las piezas ganaron identidad y señas particulares, prueba clara de una atención generosa al mundo inanimado. Pero hay otra metamorfosis no menos asombrosa en la pequeña sala anexa de la galería, doble espectral del tesoro confiscado. Dispuestos en pulcras estanterías, los 253 meteoritos hacen alarde de sus formas escultóricas labradas por 4.500 millones de años de viajes siderales y aterrizajes forzosos, en fotografías color de tamaño real (una por pieza), acompañadas por sendas copias de las actas que certifican el protocolo sui generis, el nombre y el peso de cada uno. Según da fe la escribana, F&G “manifiestan ser artistas visuales e investigadores” y si bien “no son peritos”, “por su conocimiento pueden decir que los que tienen a la vista son meteoritos”. Lo cierto es que por “obra” de dos artistas, la cosa finalmente “quedó hecha”. El destino de las piezas es todavía incierto y también el de sus dobles fotográficos que, dilatando inmoderadamente el tiempo del arte y remedando el origen, irán a dispersarse en el campo difuso del mercado y las instituciones artísticas como una lluvia espectral de meteoritos.

 

Faivovich & Goldberg, Decomiso, SlyZmud, Buenos Aires, 19 de noviembre de 2016 – 11 de marzo de 2017.

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