ARTE

In Your Face

Mario Testino

Gaby Cepeda

A la pregunta por cómo se hace para museificar lo que esencialmente son anuncios de ropa glorificados, el Malba contesta: se agrandan y se exhiben en una sala suntuosa, verde oscuro y con molduras victorianas. Eso es todo; las fotografías de Mario Testino son tan elocuentes, que el Malba actúa como si no fuese necesario explicar nada más. A su favor: esta muestra se importa empacada y e-xac-ta-men-te igual desde el Museum of Fine Arts Boston, y allá la pregunta tampoco fue una preocupación. Tal vez porque las fotos de Testino son tan atractivas –aunque no haya ni una sola que no haya sido publicada en alguna revista o libro del fotógrafo– que a la muestra se viene a experimentarlas hiperbólicamente. A diferencia de High Fashion, la serie de imágenes sobre los atuendos de las indígenas peruanas que Testino mostró en Nueva York recientemente, esta muestra no tiene ninguna pretensión no comercial: son el matrimonio de técnica y marketing puro.

Mientras que exhibiciones previas de Testino partían de una selección temática –como Portraits (2002)–, esta vendría a ser un mixtape de grandes éxitos. Como los mixtapes, que hilan canción tras canción sin que comiencen o terminen, las fotografías de Testino montadas en su estantito blanco, todas a la misma altura, muestran sólo las capturas más impactantes de sesiones enteras o años de jugar al paparazzo con sus célebres amigos. “Sentirá como si entrase en las páginas de una de las más entretenidas y espectaculares revistas de moda de la actualidad”, describe el folleto del MFA Boston, y eso es lo que sucede al entrar en las salas del Malba. Las fotografías son tan enormes, tan saturadas, que realmente se siente como si uno caminara dentro de las páginas de una Vogue agigantada. Uno no entra en la vida de las celebridades, sino en la revista que una vez pagó para hojear y que ahora paga para ver en realidad aumentada.

La iluminación dramática y el fondo verde intenso replican la ambientación y el quién es quién de las galerías de retratos de la realeza; los asistentes juegan a adivinar los nombres de las celebridades antes de mirar los cartelitos. Todo es altamente digerible, pero no por eso accesible; lo conocés, lo deseás, pero no podés costearlo. El aire de grandiosidad parece emanar del filme y la técnica –se siente muy pre-Instagram–, pero en realidad es del dinero. La opulencia desvergonzada y el photoshop son lo único que se repite más que Kate Moss.

Más allá de la innegable pericia de Testino, es claro que no es “la calidad artística de las imágenes” lo que vinimos a admirar, sino los ejemplos más álgidos de los cánones de belleza física y de clase que ellas representan. La selección y disposición de las obras evoca el orden caprichoso de un álbum familiar en el que los sujetos son tan brillantes y atractivos que generan traumas, no empatía. Es un álbum familiar de las apariencias y del estridente deseo poscapitalista.

Al salir de la muestra, a la realidad le falta saturación y a la fotografía de arte le falta todo. Pienso en esa aburridísima foto “Rhein II”, de Andreas Gursky –que es la más cara del mundo–, o en esa pretenciosa serie de Oscar Bony que enfrenta al espectador al salir de la sala del Malba, ¿por qué no puede ser a color? Mejor aún, ¿por qué no es Lady Gaga en bikini? ¿por qué no puede ser todo perfecto y global?

 

Mario Testino, In Your Face, Malba, Buenos Aires, 14 de marzo – 16 de junio de 2014.

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