ARTE

Patricia

Gabriel Chaile

Martín Legón

En algún momento no muy lejano, la nueva gestión del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires deberá recibir un reconocimiento sincero por parte de la escena porteña; indiscutiblemente, en estos años han pasado por sus salas valiosas puestas contemporáneas, numerosas de peso, y se ha vuelto sin dudas un espacio más abierto, colaborativo y predispuesto desde que Victoria Noorthoorn y su equipo se hicieran cargo de la institución tras el recordado reclamo de renovación por parte de un grupo importante de artistas, organizados para tal fin a mediados de 2012. Desde aquel acontecimiento, y a conciencia, el museo ha venido trabajando con mucha coherencia, tanto en el desarrollo de nuevas respuestas curatoriales como en el fortalecimiento de su vector educativo, investigativo y editorial.

En este contexto de sana comunión entre lo que un espacio contemporáneo puede proyectar y debe permitirse, se inscribe por estos días la exhibición Patricia, del joven artista tucumano Gabriel Chaile. Laura Hakel, curadora estable del museo, propone y tutela con gran firmeza este, su primer proyecto expositivo en la institución, augurio en extremo promisorio para la escena curatorial argentina.

No quisiera adentrarme demasiado en qué habita y sucede; los invito a que se acerquen al lugar. Sólo me permito comentar que la muestra ensaya en un conjunto de obras sabias un corrimiento desde el lenguaje con cruces poco comunes para un artista de su edad. Chaile logra en la intimidad de la sala más pequeña del museo articular innumerables ejes, referenciales y autorreferenciales, de un yo consciente de su conciencia de clase: Patricia está inspirada en la cultura Condorhuasi de la provincia de Catamarca, en los trabajadores del interior, en la historia familiar del artista, en los saberes frágiles del pasado que construyen un presente posible y un presente real. Sin imponer condiciones, parecería interrogar con tranquilidad y franqueza a una escena contemporánea ajena, enajenada, que viene abusando ciegamente de muchos clisés; del lenguaje dislocado de tumblr, de los signos vacíos del cinismo light, de la sobrevaloración de la inocencia como lugar de anclaje conceptual. La muestra incluso ofrece una respuesta a la desmesura, a la necesidad de espacio físico para decir y hacer; tiene también una voz para exponer cuestiones de género, lo cyborg, lo resistente de un cuerpo sin hacer concesiones a la moda o al sonido de época. Nos recuerda que hay otros antepasados y otras tradiciones, que el mercado impone hábitos que representan empleos del tiempo socialmente organizados, que el tiempo de la producción es un tiempo desvalorizado siempre, y que los colchones en el arte argentino no son única potestad de los dramas burgueses. Propone otro tipo de modernismo y de constructivismo, uno con la conciencia histórica de un pasado en una sociedad tradicionalmente organizada según su experiencia inmediata de clases; un principio de separación con algo denominado arte que fragua en su interior.

Es por esto que Patricia es, en simultáneo, un útero y una fábrica, un horno para hacer el pan y un tipo de familia; un modo otro del tiempo y de comunidad, un corazón antepasado que late y se resiste a fuerza de mazazos, en la dignidad de un vaso de agua, a aceptar la alienación como antesala del olvido. No hay sumisión en la muestra, no hay dependencia; sólo la entereza de un hombre que se entiende así mismo como cabrón del tiempo y madera de la historia. De un sincretismo espiritual enorme y por fuera de toda especulación, Patricia condensa en tres piezas la extraña particularidad de ser una exhibición humilde —pudiendo parecer menor para un espectador acostumbrado a los nuevos cánones de espectacularidad, acción y despliegue en el espacio— y, al mismo tiempo, superlativa, de las más contundentes de la década, una muestra que consolida a Gabriel Chaile como uno de los autores más sólidos y comprometidos del último tiempo, y el mejor heredero de Victor Grippo que vio su generación.

 

Gabriel Chaile, Patricia, curaduría de Laura Hakel, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, 11 de marzo – 18 de junio de 2017.

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