ARTE

Prueba IV: El tiempo

Matías Feldman

Darío Steimberg

Es conocido el procedimiento llamado super slow motion: dispositivos capaces de obtener miles de fotos por segundo registran algún evento fugaz; más tarde, se reproduce la cadena de imágenes a una velocidad muy inferior (unas decenas de imágenes por segundo) y se hace posible ver cómo una manzana es atravesada por una bala, cómo ondula el metal de un platillo de batería tras un golpe, cómo revienta un globo lleno de agua sobre una cabeza. En experimentos científicos con dispositivos extremadamente potentes (que toman millones de fotos por segundo) incluso se ha registrado, y hecho visible, el movimiento de un haz de luz producido por el desplazamiento de un fotón. El efecto suele ser cautivante: comparable con lo que un microscopio permite percibir a partir de la amplificación de una porción diminuta del espacio (esa hiperrealidad), el super slow motion nos enfrenta con la amplificación inverosímil de un instante.

Ahora imagínense las posibilidades dramáticas de un proyecto escénico que investigase esta problemática, pero prescindiendo de cualquier artefacto tecnológico más complejo que los acostumbrados focos de iluminación. La Compañía Buenos Aires Escénica, dirigida por Matías Feldman, presenta en Prueba IV: El tiempo un conjunto de escenas que siguen, si es que la descripción les hace justicia, ese principio. Una treintena de actores agrupados en cinco sectores distintos de una galería de arte ofrece instantes de tensión inacabable, cinco escenas (las hay de un solo actor, de dos, de tres, de siete u ocho y de una quincena) frente a las cuales el espectador puede demorarse a sus anchas, cambiar de perspectiva y modificar el centro de su atención, para observar a cada personaje y a todos juntos en su relación con lo que los rodea, para observar a cada actor en la composición de una emoción específica, para abstraerse en la red de afectos que lo gobierna todo. Cada escena es un mundo casi detenido, un instante cuyo tiempo “normal” debería ser de unos pocos segundos y que se dilata aquí hasta ocupar cerca de media hora, en función de un conjunto de movimientos híper ralentizados que son la clave de apertura a una experiencia otra del tiempo. En palabras de Feldman, “la sensación de tiempo cronológico queda obturada, (…) el relato convencional de concatenación de acontecimientos se desvanece y, por el contrario, surge un relato de lo ‘instantáneo’, uno que ocurre de manera vertical y no horizontal”. Y es que no se trata de abolir el relato, sino de concebirlo a partir de una partícula microscópica de duración indeterminable.

Prueba IV: El tiempo es parte del Proyecto pruebas, cuyo plan es investigar a lo largo de diez piezas diversos procedimientos escénicos vinculados con la percepción. Cuenta, además de su dramaturgo y director, con un dramaturgista, Juan Francisco Dasso, quien lleva una bitácora de la investigación que puede ser solicitada a la compañía. Esta prueba es, a la vez, parte de Una teoría sobre el espacio, ciclo curado por Mariana Obersztern para la Galería Prisma, y que se completa con El carterista, de Gerardo Naumann.

¿Alcanza con treinta minutos para concebir la compleja trama dramática que albergan unos pocos segundos? Feldman y compañía arriesgan una respuesta.

 

Prueba IV: El tiempo, dramaturgia y dirección de Matías Feldman, Galería Prisma, Buenos Aires, 1, 8, 14 y 15 de abril de 2016.

 

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