CINE y TV

Elle

Paul Verhoeven

Federico Romani

La última película de Paul Verhoeven comienza como una de Darío Argento: hay violencia sexual, una agresiva figura vestida de negro y un gato pardo que lo observa todo con una curiosidad demoníacamente concentrada. La diferencia es que el asunto no se resuelve (como suele hacerlo el genio italiano del giallo) con una muerte hipercromática y sanguinolenta, sino todo lo contrario: con una especie de renacimiento (o retorcimiento) interior que la protagonista, vejada ya desde la banda sonora, parece utilizar como trampolín mental. Y decimos “parece” porque la extrema ambigüedad de Elle tiene poco que ver con la psicología cuarteada de una Isabelle Huppert rebotando entre las paredes de su propio desierto interior, y mucho con una celebración inflacionaria del propio ego de Verhoeven, cineasta de derecha (a pesar de La lista negra) capaz de producir genialidades con esa ideología (Robocop, El vengador del futuro, Starship Troopers) pero que, a esta altura de los acontecimientos, podría decirse que “abusa” (palabra no exenta de connotaciones problemáticas tratándose de un film puesto en marcha por una violación) de su condición de europeo provocador gritando cosas que acaso el Hollywood donde filmó lo mejor de su carrera no le permitiría ni siquiera susurrar. No se trata de horrorizarse con los temas o las formas (las variaciones coitales siempre fueron brutales en las películas del holandés, recuerden las tijeras de El cuarto hombre o el picahielos de esa pavada valijera que era Bajos instintos), sino de cuestionar el uso de estos como herramientas de escarmiento no se sabe muy bien de quién, si de la protagonista o del espectador. Y si Verhoeven supo hacer un film pornográfico sin sexo (la acaso subvalorada Showgirls, especie de exploitation efímera y superficial como una golosina para viciosos, juzgada en su momento como una de las peores películas de la historia pero terriblemente disfrutable, hoy, desde cierta culpabilidad cutre), hay que decir que su visión global del tema está más cerca de la provocación fácil de Sharon Stone cruzando las piernas sin bombacha que de tratados ultrasofisticados y hemorrágicos como los de Crash (1996). La referencia que hacemos no es gratuita: los buenos momentos de Elle (que son pocos) parecen un Cronenberg menor, atenuado por sensacionalismos y trucos libidinosos varios, que podrían pasar por desbordes si no fueran, pura y simplemente, ordinarios y carentes de profundidad. Para pasar por sobre lo políticamente correcto, Verhoeven dibujó un extraño teorema: demostró que se puede ser estéticamente fascista aun en esta sobremodernidad que todo lo positiviza, haciendo un film (a)moral y peligroso que algunos —y principalmente algunas— podrán considerar ofensivo, pero que es, en el fondo, un enorme truco especulativo, casi irritante por lo ostentoso y burdo de su regodeo en el suplicio. Sobre este tema hay películas peores, es cierto (vean, sino, La pianista de Michael Haneke), pero todavía se pueden rastrear genialidades como Bitter Moon (1992), de Roman Polanski, esa especie de autopsia personal que se infligió el polaco (otro exiliado en decadencia, como Verhoeven) y de la que ya casi nadie se acuerda.

 

Elle (Francia/Alemania/Bélgica, 2016), guión de David Birke a partir de la novela Oh… de Philippe Djian, dirección de Paul Verhoeven, 130 minutos.

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Federico Romani

El original de Don Siegel estuvo siempre más cerca de ser un film de culto que un verdadero clásico, quizás por lo (supuestamente) concentrado de su raíz machista/reaccionaria. El contexto político y cultural posterior … leer más

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Un bello sol interior

Claire Denis

Federico Romani

Casi todas las reseñas del último film de Claire Denis coinciden en que poco o nada de los Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes quedó en él, una afirmación que podría pasar por … leer más

CINE y TV

Zama

Lucrecia Martel

Federico Romani

Hay una escena recurrente en el cine de Lucrecia Martel. Un grupo de mujeres susurran, hablan, cuchichean entre ellas, mientras alguien, otro (el espectador, casi siempre) las espía, las escucha, las acecha en silencio. … leer más

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Alanis

Anahí Berneri

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Alanis recorre la calle con su hijo en busca de un lugar donde pasar la noche. Pasa frente a un hotel alojamiento en el que el plano se detiene. Corte a Alanis con su … leer más

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Temporada de caza

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Martín Miguel Pereira

La madre de Nahuel acaba de morir, no lo vemos pero lo sabemos. Él estudia en un colegio privado, juega al rugby, tiene un padrastro que lo quiere como a un hijo y disfruta … leer más

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Atómica

David Leitch

Federico Romani

¿Se puede hacer una película “bailable”? Al margen de su estupendo soundtrack, Atómica es un film preocupado por el movimiento, no en el sentido de marear al espectador con la acción física, sino en … leer más

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Hermia y Helena

Matías Piñeiro

Florencia Romano

Hermia y Helena, la última película shakespeareana de Matías Piñeiro, comienza extraoficialmente con un tráiler en el que la voz de Camila (Agustina Muñoz) narra todos los acontecimientos que se sucederán en el film. … leer más

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Cuaderno de los sesenta

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Como bien señala Marcos Ordoñez en un notable artículo para la revista Co & Co (uno de esos elementos invalorables de la época pre-Internet), el New American Cinema es anterior a las “nuevas olas … leer más

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Dunkerque

Christopher Nolan

Nicolás Cabral

El trabajo cinematográfico de Christopher Nolan podría ser definido como bergsoniano; los suyos son relatos sobre la duración, es decir, sobre el tiempo como experiencia subjetiva: en Memento (2000), el recurso es la pérdida de la … leer más

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Paterson

Jim Jarmusch

Laura Pardo

Un espejo que devuelve la imagen, o un juego de dobles, es el eje que vertebra Paterson, la nueva cinta de Jim Jarmusch, inspirada en el célebre poema homónimo de William Carlos Williams. Que la … leer más

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