OTRAS LITERATURAS

Los días de Jesús en la escuela

J.M. Coetzee

Juan F. Comperatore

Luego de algunos elogios dubitativos y la parva de críticas no menos erráticas con las que fue recibida su novela anterior, J.M. Coetzee vuelve al ruedo y ofrece la segunda parte de un proyecto que promete continuidad. En La infancia de Jesús (2013), Simón se hace cargo de David, un niño de cinco años que encuentra en un barco que atraviesa una suerte de Leteo que borra los recuerdos. Recalan en Novilla, les asignan nombres, buscan a la madre de David, que encuentran en una soltera virgen y un tanto apática. Hacia el final de la novela, acompañábamos el escape de la improvisada familia de la burocracia escolar. En Los días de Jesús en la escuela, el trío llega a la Estrella, “pueblo grande y disperso, ubicado en una campiña de colinas, campos y huertos por la que traza sus meandros un río perezoso”. A los contratiempos de alojamiento y alimentación, fácilmente resueltos en estas tierras en las que nadie pasa hambre, se añade el problema, a esta altura acuciante, de la educación de David. Recordemos que Simón había cedido a Inés la batuta de la educación del niño, que a fuerza de sobreprotección y falta de límites se va tornando altanero e ingobernable. De los tres institutos educativos con los que cuenta el pueblo, deciden inscribirlo en la Academia de danza, que imparte una educación alternativa; sus directivos, Juan Sebastián y Ana Magdalena Arroyo (alusión directa a Bach y a su segunda esposa), enseñan una doctrina que consiste en danzar para que los números bajen del cielo. “A las estrellas les está permitido pensar lo impensable”, dice el profesor Arroyo, “pensamientos que van de la nada al uno y del uno a la nada”. La danza que practican es una forma de meditación similar al semá de los derviches giradores. David, que siempre manifestó preocupación por los agujeros que separan las palabras de los objetos, encuentra en estas enseñanzas sosiego y reconocimiento.

El epígrafe de la novela, tomado de Don Quijote (“Algunos dicen: nunca segundas partes fueron buenas”), no se refiere a la novela en tanto secuela de la anterior, sino al quiebre que se produce en mitad de la trama a partir del descubrimiento de un asesinato y del papel cada vez más relevante que adquiere Dmitri, lascivo psicopatón de ribetes dostoievskianos, que en la novela anterior ya se esbozaba en Daga —personajes, ambos, por los que David siente particular atracción—. En esta segunda parte, mediante el desborde de la forma, se interpelan el mal, la pasión y la posibilidad o no de construir algo a partir de esas bases. El contraste entre Arroyo (Bach) y Dmitri (Dostoievsky) sirve menos para establecer una oposición tajante entre racionalidad y emoción que para dar cuenta de los vasos comunicantes entre una y otra. De ahí que Simón, que no veía más que “paradojas y mistificaciones baratas” en la filosofía de la Academia, tenga que poner el cuerpo para que lo invada el éxtasis. Si la lectura sesgada de Don Quijote auspiciaba, en La infancia de Jesús, inicio del camino lateral de David, la incorporación o reescritura de personajes de Los hermanos Karamazov es un trazo más de la estela de este niño errante. A la acostumbrada austeridad de Coetzee se agrega una prosa adusta, esquiva tanto al detalle descriptivo como a florituras, abundante en diálogos de tono filosófico y no exenta de ternura. Como buen lector de Beckett, puede que las referencias de Coetzee al cristianismo —oblicuas, parciales— no sean más que uso de mitología al paso, habida cuenta de otras tantas que colman la novela (los mencionados Bach y Dostoievsky, por ejemplo). Conforme se decanta su proyecto literario, queda claro —por si hacía falta— que Coetzee se aleja tanto de la exégesis laica como de la parodia en clave alegórica. Resta saber si su conclusión otorgará algún sentido retroactivo, o si lo más probable (y deseable) sea que nos deje huérfanos de respuestas ante un horizonte inédito que explorar.

 

J.M. Coetzee, Los días de Jesús en la escuela, traducción de Javier Calvo, Random House, 2017, 256 págs.

OTRAS LITERATURAS

La caja de los deseos

Sylvia Plath

Federico Romani

Tal como señala su ex pareja Ted Hughes en el epílogo de esta compilación, el legado en prosa de Sylvia Plath permaneció mayormente inédito luego de su traumática muerte, acaso para no distorsionar o … leer más

OTRAS LITERATURAS

La galaxia caníbal

Cynthia Ozick

Juan F. Comperatore

La literatura de Cynthia Ozick (Nueva York, 1928) es un muestrario de erudición mordaz, irónica, de humor satírico; su escritura, robusta, acerada, es sobre todo un surtidor de metáforas de una singularidad y precisión … leer más

OTRAS LITERATURAS

Confabulaciones

John Berger

Javier Mattio

En unas pocas líneas, la escritura se muestra en su dimensión más literaria y literal, más maravillosa y enigmática, más pura y evidente. El deslumbramiento ocurre con las entradas sólo en apariencia dispersas que … leer más

OTRAS LITERATURAS

El vendido

Paul Beatty

Kit Maude

Una de las vetas más ricas, sabias y entretenidas de la literatura norteamericana es también probablemente la más trágica (el hecho de que haya competencia para este título es más trágico todavía): la tradición … leer más

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Reflexiones sobre Christa T.

Christa Wolf

Demian Paredes

¿Qué resta hacer con los restos de una vida? Una posibilidad, para quien escribe “ficción”, es compaginar e imaginar. Eso es lo que hace Christa Wolf en Reflexiones sobre Christa T., novela que se … leer más

OTRAS LITERATURAS

Todos los cuentos

Raymond Carver

Inés Arteta

Con este título, Anagrama ha reunido en un solo volumen la obra narrativa de Raymond Carver: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, De qué hablamos cuando hablamos de amor, Catedral, Tres rosas … leer más

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Dios lo bendiga, señor Rosewater

Kurt Vonnegut

Marcos Crotto

Kurt Vonnegut maneja como nadie la tendencia del ser humano a desatar desastres colectivos, sea por impericia, maldad, instinto o mera estupidez. Sus novelas han recorrido la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, las religiones … leer más

OTRAS LITERATURAS

Babilonia

Yasmina Reza

Manuel Crespo

Durante sus primeras setenta u ochenta páginas, Babilonia es una novela sobre fotografías. La narradora, Elisabeth, salta de una a otra imagen con la desesperación de no poder descifrar lo que ellas esconden o … leer más

OTRAS LITERATURAS

La maldición de Lono

Hunter S. Thompson

Federico Romani

En 1980, Hunter S. Thompson recibe la propuesta de una revista deportiva semidesconocida llamada Running para cubrir en Hawái la maratón de Honolulú (el “superbowl de las maratones”, como se la conoce en el … leer más

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Sanatorio La Clepsidra

Bruno Schulz

Juan F. Comperatore

Las ficciones de Bruno Schulz son piezas repletas de bifurcaciones y desvíos. Más aún: espacios para el despliegue de aquellos acontecimientos que el tiempo no logra abarcar. Concretamente, son piezas en las que un … leer más

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