OTRAS LITERATURAS

Una pizca de maldad

Ah Yi

Juan F. Comperatore

Se podría arriesgar sin temor a equivocarse la opinión de que el aburrimiento es algo elidido en la vida del sujeto contemporáneo; la parafernalia disponible de dispositivos de inducción y encauzamiento del deseo parece corroborarlo. Para aburrirse se requiere tiempo, y quién tiene tiempo o, más aún, quién habita esa disponibilidad sin saturarla de gadgets, entretenimientos pasatistas o ansiolíticos. El cansado, nos dicen, es la figura estelar de estos tiempos; un individuo anulado como sujeto debido a la hiperadaptación acrítica a las condiciones de rendimiento y autoexigencia imperantes (algo similar a lo que, con los matices del caso, el psicoanalista Christopher Bollas llamaba personalidad normótica). A diferencia de aquel, el aburrido dispone de tiempo, para pensar, actuar; o para hacer nada. El aburrido es un desestabilizador en potencia. Esto viene a cuento de Una pizca de maldad, la primera novela que se traduce al castellano del escritor chino Ah Yi (un cuento suyo, “Dos vidas”, fue incluido en la antología de narradores chinos Después de Mao). Zhou, el narrador protagonista, es un adolescente que vive el tiempo como una masa inagotable: “Tenía demasiado tiempo, y no sabía cómo gastarlo”. El tedio es como la humedad, lo impregna todo. Las tentativas que realiza para paliarlo se reducen a dos: la masturbación y el regateo incitante con desaire final. Pero la eyaculación no es el corolario del deseo ni el desaire garantía de goce. Zhou busca la plenitud: habitar ese tiempo que se vive como exceso; habitarlo, no poseerlo. Para eso elabora un plan minucioso que realiza con una apatía extrema: asesina brutalmente a una compañera de escuela (la brutalidad es proporcional a la frialdad con que lo relata) para escapar y sentir en el abandonarse a la fuga “cómo la vida se volvía algo compacto, simple y lleno de tensión”. Aunque alguna satisfacción obtiene, sobre todo en los momentos en que más cerca se encuentra de morir, pronto vuelven a asomar el tedio y la pregunta que lo condensa: ¿qué hacer ahora? Esta vez la decisión recae en el azar y como saldo obtiene una erección luego de un intento de suicidio. En la primera oportunidad se entrega a la policía y a partir de ahí comienza a hacer gala del humor gélido que lo caracteriza frente la pugna judicial y periodística por entender la arbitrariedad de un crimen sin móvil. En la solicitud para asumir los cargos y en la renuncia a defenderse, el aparato judicial ve un escollo que hay que sortear; lo intolerable requiere de explicación. Mientras tanto, impertérrito, Zhou espera su final. No sería raro notar algún parentesco con El extranjero, la novela de Albert Camus, aunque no sea más que para señalar todo aquello que las distancia. Con admirable manejo del pulso narrativo y un nihilismo extremo, la novela de Ah Yi —seudónimo de Ai Guozhu (Ruichang, 1976)— deja al lector masticando no pocas espinas; como si hubiésemos sido no sólo testigos del crimen, sino también sus partícipes necesarios. Un comentario final a la dedicada labor del traductor Miguel Ángel Petrecca, que viene poniendo a nuestra disposición un muestrario de la literatura china contemporánea. Vayan el saludo y el empuje para que siga.

 

Ah Yi, Una pizca de maldad, traducción de Miguel Ángel Petrecca, Adriana Hidalgo, 2017, 184 págs.

 

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Crónica de mi familia

Vasco Pratolini

Inés Arteta

La editorial Tusquets acaba de lanzar la colección Rara Avis, dirigida por Juan Forn y orientada a títulos difíciles de etiquetar en un género, a joyas literarias olvidadas, como es el caso de Crónica … leer más

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Highlife

Leye Adenle

Raúl A. Cuello

Easy Motion Tourist es —además del título original del libro de Adenle— un tema del intérprete nigeriano King Sunny Adé. Su estilo musical ha sabido fusionar ritmos tradicionales de distintas latitudes africanas: así, el … leer más

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En las alturas

Thomas Bernhard

Demian Paredes

Escrita en 1959 (y publicada treinta años después), En las alturas ya contiene todo lo que caracterizará —en formas y en temas— la obra narrativa de Thomas Bernhard: el odio y desprecio a las … leer más

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Sergéi Dovlátov

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Complemento vivencial de La Reserva Nacional Pushkin, novela que Añosluz publicó el año pasado, El oficio retoma la huella temática que marcó la vida y la obra de Sergei Dovlátov: el lamento cáustico e … leer más

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Noche caliente

Lee Child

Javier Mattio

Nómade e imperturbable, militar y detective, héroe y asesino, criatura de culto y best seller: Jack Reacher es mucho más que las películas con Tom Cruise —una buena, la otra mala— que lo dieron … leer más

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Variaciones postales

Kazimierz Brandys

Marcos Crotto

Una de las últimas ofertas del menú de terapias alternativas para enfrentar desequilibrios de la cabeza son las “constelaciones”. Aparentemente, cargamos con los traumas y silencios de nuestros antepasados, que barrenan por la sangre, … leer más

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La galaxia caníbal

Cynthia Ozick

Juan F. Comperatore

La literatura de Cynthia Ozick (Nueva York, 1928) es un muestrario de erudición mordaz, irónica, de humor satírico; su escritura, robusta, acerada, es sobre todo un surtidor de metáforas de una singularidad y precisión … leer más

OTRAS LITERATURAS

La caja de los deseos

Sylvia Plath

Federico Romani

Tal como señala su ex pareja Ted Hughes en el epílogo de esta compilación, el legado en prosa de Sylvia Plath permaneció mayormente inédito luego de su traumática muerte, acaso para no distorsionar o … leer más

OTRAS LITERATURAS

Confabulaciones

John Berger

Javier Mattio

En unas pocas líneas, la escritura se muestra en su dimensión más literaria y literal, más maravillosa y enigmática, más pura y evidente. El deslumbramiento ocurre con las entradas sólo en apariencia dispersas que … leer más

OTRAS LITERATURAS

El vendido

Paul Beatty

Kit Maude

Una de las vetas más ricas, sabias y entretenidas de la literatura norteamericana es también probablemente la más trágica (el hecho de que haya competencia para este título es más trágico todavía): la tradición … leer más

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